A mí es que, ya lo sé, esto de los cumpleaños me aturde. Me veo
confundida,
aquí donde sólo puedo aferrarme al jersey, a Will a Sibylle, los tres libros que compré el miércoles en Francia (Vian, Ernaux, Queneau), el dolor galopando justo encima del pubis, esa extraña forma de interactuar con individuos opacos, incluso aquellos chicos para los que tu roce fue el primero (media risa, ¿fueron tantos? inmunda) y las voces antes confiadas, ahora desconocidas (y viceversa), parece todo tan lejano y de las nubes pesadas cae and only the slopes gave me hope, que realmente está en el extremo opuesto al amor que viene a mí anterior, pero así son estos días, y así es este hoy, 22 de abril, el revuelo en la cama y lo más bajo y lo más divertido al tiempo, aunque lleve la camisa tremendamente arrugada siendo una de esas camisas que no se deberían llevar nunca y bajo ningún concepto arrugadas y, tiempo a tiempo a años, turban considerablemente
pero esto no depende, al menos no para mí.
Ah, qué tontería. Tengo hambre.

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